La autenticidad del estilo no se mide por la viralidad. Todavía no sé si es…
La estética como forma de negociación, Imagen y Estilo
La estética como forma de negociación.
Hace unas semanas estaba dictando una masterclass para varios equipos- comerciales, administrativos y directivos- de una empresa.
Al terminar de explicar los códigos de vestuario corporativos y sociales, una de las personas levanta la mano y mi dice: “yo creo que a uno la empresa lo debe querer con lo que uno es, poniéndose o no la ropa adecuada para cada ocasión. Igual, venimos a trabajar no a un desfile de modas”.
Es frecuente encontrarse con este tipo de imaginarios que consideran a lo ornamental como algo opuesto al trabajo, la investigación, la intelectualidad, la filosofía, la academia, por poner algunos ejemplos. También, de relacionar a la moda solo con el vestuario, cuando esta es la que refleja todo el espíritu de una época, desde la canción que está sonando, hasta el libro que está circulando, o hasta el deporte o las ideas políticas que se están expandiendo.
Es cierto que al trabajo no vamos a un desfile de modas, pero también es cierto que lo ornamental y el vestuario hacen parte de nuestra comunicación personal no verbal, razón por la cual considero oportuno que nos preguntemos “¿Qué queremos comunicar sin palabras, estoy diciéndole al mundo lo que soy con mi vestuario?”
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En el marco del tema de este texto, entro a las primeras capas de las emociones, encontrándome con el perfil de la imagen evitativa. Este se caracteriza con personas que expresan desinterés y desapego por el vestuario, su estilo e imagen personal, cuando en realidad desvelan protección para no exponer su vulnerabilidad y ostentar el control. Me parece justo aclarar que, como parte de la comunicación asertiva, estoy de acuerdo en no revelar la vulnerabilidad personal en todos los contextos. Pero, también encuentro fundamental asumir la gestión de las emociones. En vez de controlarlas (meterlas debajo del tapete), mejor gestionarlas. De esta manera, la imagen dejará de proyectar carencias inconscientes.
Volviendo a lo que dijo uno de los asistentes en la masterclass: “yo creo que a uno la empresa lo debe querer con lo que uno es, poniéndose o no la ropa adecuada para cada ocasión. Igual, venimos a trabajar no a un desfile de modas”:
El propósito fundamental del mundo corporativo no gira en torno a que nos quieran, es decir a que inspiremos amor (el amor de pareja, de padres, de hermanos, de amigos). Que eso se dé como consecuencia secundaria es otro tema, lo cual es muy positivo.
Desglosando la expresión del participante (soy una apasionada de la comunicación y queda claro que no me interesa disimularlo) vuelvo a observar otra capa emocional, muy frecuente en frases como “que a uno lo quieran como uno es, eso es lo que hay”. Sé que es difícil decirlo, pero este tipo de manifestaciones revelan una especie de desempoderamiento personal, al no tener las herramientas lo suficientemente consistentes para auto-revisarse y entonces, trabajar en ello creciendo en lo personal y profesional. Es evidente que todos en este plano tenemos defectos e inseguridades, y que solo atendiéndolas tendremos sanas relaciones interpersonales, y una sólida autoestima y autoconfianza.
Las personas somos varios sujetos. Me explico: todos estamos en un constante “performance” – actuando, lo cual es muy diferente a la performatividad digital que tiene un fin muy distinto. El performance diario de las personas consiste en entender los diferentes contextos que atendemos y en ese orden, saber elegir el lenguaje verbal y visual de nuestro vestuario.
Hay contextos más formales, en los cuales somos más serios, por ejemplo, el de un funeral o una reunión corporativa en la que presentamos un informe a la junta directiva. Hay otros festivos, en los cuales somos alegres y joviales, como el de un mundial de fútbol o un festival de música. Hay otros contextos de respeto por las reglas, como el caso de una visita protocolaria internacional.
Eso se llama negociación: la habilidad que tenemos a consecuencia de la madurez emocional, es decir, de un trabajo de autoconocimiento que nos lleva a abandonar los caprichos y hacernos cargo de nuestras necesidades emocionales; la habilidad para adoptar una flexibilidad inteligente que nos permite fluir en cada entorno; la habilidad para comprender que cada ocasión tiene un lenguaje propio que se materializa en la elección del vestuario que hacemos sin perder nuestra esencia.
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Juliana Gutiérrez de la Cuadra.
Consultora internacional, docente y conferencista de Imagen y Estilo Personal Consciente
Mentora en Conversaciones Inspiradoras
Personal Color Style
Bienestar Comunicativo
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