“No somos robots” es la afirmación que hoy, fuertemente, nos hacemos para definirnos como humanos…
La autenticidad de la imagen vs. la viralidad
La autenticidad del estilo no se mide por la viralidad.
Todavía no sé si es desencanto o preocupación: en el mundo digital, sino publicamos fotos con la última tendencia de vestuario, la casa en color beige, el café de la mañana con la espuma de corazón, o el glamur de los almuerzos y las cenas, una rutina repleta de paz, pintas con prendas de diseñadores reconocidos, asistir a todos los eventos, o comentarios políticamente correcto, no somos virales. “Y si no somos virales, nuestro estilo está en nada”. Es una de las falsas creencias que se han interiorizado en el inconsciente colectivo.
He visto a decenas de personas luchar para hacerse virales por su estilo y marca personal, y trabajar en este sector, aplicando las mismas fórmulas o plantillas. Escribo estas líneas pues me surge una pregunta: ¿en realidad quieren ser inspiración de autenticidad y tomar el rol de embajadores de estilo, o desean tener un mayor alcance/viralización (fama o ventas)?
A veces siento que lo uno está en contravía de lo otro. Por favor, no quiero ofender a quienes con generosidad estén leyendo este ensayo y hacen publicaciones virales. También hay casos de personas que, a consecuencia de decisiones y acciones honestas y consistentes, generan el efecto viral.
Decía que, en un comienzo, siento que la autenticidad del estilo y de una marca personal va en dirección opuesta a la viralización pues, el algoritmo solo prioriza por lo general, a quienes siguen los moldes o plantillas visuales y temáticas, es decir, a quienes publican bajo recetas y formatos pre-fabricados en forma y fondo (copia de lo obvio). Ahora que lo pienso, termina siendo la aplicación del sistema Ford de producción (resultados estandarizados y creados en masa).
¿El afán de viralizarse y la preocupación de crecer en redes nos lleva a cumplir ciegamente con lo que pide el mundo digital? ¿de dónde viene el deseo de ser viral? ¿nos falta cuestionar a los estrategas de redes? ¿cómo está nuestro criterio frente a lo que nos responde la IA?
El caso real
El año pasado, un amiga me comentaba que había regresado a Instagram y retomado su trabajo en redes. Desde el otro lado de la pantalla, yo había notado algo extraño en sus nuevas publicaciones: “era ella, pero no era ella”. La sentía libreteada, y no estoy hablando de un reel en el que estuviera leyendo un guion, sino de una foto. Luego, al ver los videos, sentí lo que se llama la actuación de la autenticidad.
Al verme con ella, le pregunté por sus nuevos post. Me dijo que había contratado a una agencia de mercadeo digital para grabar y publicar videos y fotos. Pero, que se sentía extraña al mirar “espontáneamente” a la cámara de medio lado, y luego volver a hablarle a la cámara “espontáneamente” mientras caminaba; o grabar descalza para verse más natural… en fin.
No quiero culpar a las agencias que apoyan los trabajos digitales. Tampoco quiero victimizar a quienes las contratan. Creo que ambas partes tienen sendos esfuerzos pendientes: las primeras, en meterse a profundidad en el ADN y corazón de su consultante, estudiar con juicio los formatos de forma y fondo que diferenciarán a su cliente, e invitarle a narrarse (aquí ya necesitamos un acompañamiento adicional del cual hablaré en líneas más abajo). Esto no se hace en dos semanas. Ahora bien, el esfuerzo también está en el cliente: entiendo que haya muchas personas perdidas y no sepan cómo interactuar en alguna/s red(es). Todos hemos sido primíparos en ellas. Desde mi experiencia, he llegado siendo observadora para, poco a poco, ir entendiendo la dinámica y finalmente, publicar.
En este punto hay algo importante: sentirse genuinamente a gusto con lo que uno va a postear; tener un poco de adrenalina al hacerlo; soltar el resultado (que de manera lamentable se mide en el número de likes, seguidores, impresiones o alcance) lo cual nos lleva a preguntarnos: ¿publico para generar inspiración y autenticidad, o para llenarme de corazones?
Hay muchas personas que no dan like por despiste, por no saber cómo funciona la red, por envidia o por ocultarse, sin embargo, se sienten inspiradas con la publicación que hemos hecho. En otras palabras, el número de likes o la viralidad no representa necesariamente que nuestro propósito se esté o no se esté cumpliendo.
Y hay otro aspecto que a todos, como clientes, nos concierne: el de aprendernos a narrar. En dos párrafos tocaré este tema.
Me preguntaba de dónde viene el deseo de ser viral, una cuestión, seguramente más sicológica y filosófica. ¿De la búsqueda de reconocimiento? ¿De sentir que la fama es lo que eleva el valor y amor personal? ¿De creer que solo de esa manera se obtiene respeto y autoridad? ¿de pensar que es el único camino para conseguir clientes?
Hace varios años alguien, con la mejor intención, me aconsejó hacer publicaciones que explicaran lo que le favorece a cada silueta corporal femenina. Por ejemplo, a la triángulo, tales pantalones, a la rectángulo tales faldas. Luego, otra persona me dijo que bailara mientras construía mis looks. Más adelante, una amiga, muy cariñosa, me propuso que siempre me pusiera gafas en las fotos.
Narrarse
Confieso que, con todo y el cariño que les tengo a ellas, en ese momento solo quise que se fueran a la luna. Este tipo de situaciones me confirmaron la importancia de trabajar con disciplina en uno, es decir, de oírse, observarse, pensarse, cuestionarse, responderse, de narrarse (líneas atrás dije que hablaría de este tema: narrarse):
Este es un proceso constante de autoconocimiento que nos permite, principalmente, conectarnos con la intuición para tener flexibilidad, considerar el consejo que nos dan, fortalecer el criterio y filtrar lo que no resuena con uno. De otra manera, el resultado es una persona que cumple las órdenes del algoritmo y la estructura digital, desconectada de sí misma y desdibujada. Mucha viralidad, poca autenticidad.
Comentaba al comienzo que escribo este ensayo para intentar entender si en realidad se quiere ser inspirador de autenticidad y embajador de estilo, o se desea tener un mayor alcance/viralización (fama o ventas). Ambos propósitos son válidos. Lo que quisiera proponer es que con toda la honestidad, si nuestro objetivo, misión y visión están orientados a encarnar lo que es el estilo auténtico y una marca personal que transpira personalidad, la viralidad nunca debería ser el fin en sí mismo sino un resultado secundario que si se da está bien, y sino, también.
¿Por qué? Porque la lógica de la viralidad se basa en la complacencia, y no en lo que deseamos y necesitamos expresar.
¿En qué consiste el rol de embajador de estilo o inspirador de autenticidad? ¿Nos hemos preguntado esto?
En los años que llevo trabajando como consultora de estilo e imagen personal he venido consolidando alguna ideas sobre esto. Hoy puedo decir lo que NO es ser un inspirador de autenticidad y embajador de estilo: quien no ayuda a que el otro identifique algo que siente y le incomoda, y no ha podido entenderlo; quien no materializa su experiencia y la cristaliza en criterio; quien no expresa que las cosas aceptadas como normales por los demás, en realidad están enredadas; quien no se ha incomodado; quien no ha identificado sus patrones nocivos y necesidades emocionales; quien no ha pensado ni tenido en cuenta el contexto; quien no ha estudiado su historia; quien no se ha interesado en posturas diferentes; quien no se ha dado espacio para narrarse con ritmo y sentido entre cada línea; quien no sabe qué valor está compartiendo y qué está aportando.
Creo que al final hay un poco de desencanto y un poco de preocupación . Desencanto pues, me cuesta digerir que aún se asimile y aplauda a un estilo auténtico como aquel que cumple con la receta y la plantilla del momento. Preocupación, porque conozco a muchas personas que se toman en serio su trabajo en redes y entregan un gran contenido sin generar un impacto correspondiente a su compromiso. Ellos me dicen que se sienten frustrados.
¿Somos conscientes de cómo el mundo digital ha permeado negativamente el valor propio y el concepto de autenticidad? ¿Somos conscientes de que ahora podemos tomar alguna decisión que nos permita reconectar con nuestro ser esencial, o mejor, real?
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Juliana Gutiérrez de la Cuadra.
Consultora internacional, docente y conferencista de Imagen y Estilo Personal Consciente
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