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BFW: entre las pasarelas y la identidad digital

Bogotá Fashion Week 2026: entre las pasarelas y la identidad digital.

Por mi profesión y rol, este artículo no tiene el propósito de analizar las tendencias ni el trabajo de los diseñadores que participaron en la novena versión del Bogotá Fashion Week. Quienes con generosidad leen lo que escribo, saben que no trabajo en moda sino es estilo e imagen personal, uno de los tantos ángulos del fashion y la moda. Mi propósito está dirigido a acompañar a quienes desean consolidar su comunicación asertiva y autoconfianza, a través de un camino de autoconocimiento que les permita activar su estilo y armonizar su imagen.

Para empezar, me parece importante comprender que el fashion es aquel que se manifiesta en lo vestimentario y por su naturaleza, se basa en la novedad, es decir en reemplazar de manera periódica o constante una cosa por otra; es una industria que satisface una de las seis necesidades humanas (la innovación), que lamentablemente hoy se sitúa en el hiper-modernismo e hiper- consumismo.

Aunque sé que para muchas personas la moda no es un tema de interés (pues lo consideran superficial, efímero y vacío- y entiendo el porqué), en esta publicación quisiera invitarlos a ver cómo esta nos traspasa a todos; y también, a cuestionarnos sobre nuestra autenticidad en relación a la misma.

La moda no solo es el diseño de trajes, pasarelas y vitrinas. La moda abarca la canción o el género musical que se está oyendo, el libro que está circulando, el restaurante popular, la forma cómo se está publicando en redes, el deporte que se está practicando, en fin… es un sistema que obedece, repito, a la innovación, y qué mejor ejemplo que las redes sociales:

un sinfín que nos muestra algo “nuevo” todo el tiempo, y que entre más “novedad” recibimos, más queremos consumirlo en el menor tiempo posible, pues de esta manera nuestro cerebro recibe su dosis de dopamina, como lo explica la médica y psiquiatra Marian Rojas Estapé. Sin darnos cuenta así entramos en la crisis de la narración, porque esta dinámica nos ha generado adición.

Esto hace parte del fenómeno del hiper-modernismo que, en consecuencia, nos ha llevado a la hiper-estética, donde hay una hiper- vigilancia. Gústenos o no, casi todos hacemos parte del mundo digital el cual, de manera preocupante, nos aísla de VIVIR, pues nos mantiene actuando y construyendo una identidad digital-visual excesivamente revisada y escogida.

¿Por qué el hiper-modernismo condujo a la hiper-estética? En resumen (pues la respuesta es más larga) porque en la actualidad las formas que determinaban la identidad se han diluido, es decir, antes lo hacían, por ejemplo, el lugar de nacimiento, la profesión, el apellido… ahora somos dinámicos, flexibles, en constante movimiento o cambio (en búsqueda de lo nuevo), para lo cual la estética cumple su rol como anillo al dedo: lo que se usa y luego se desecha, lo que supuestamente, no necesita mirarse hacia adentro.

Hablo sobre esto pues en escenarios como el Bogotá Fashion Week se alborota, estimula y excita el ánimo de alimentar la construcción de ese personaje digital y visual hondamente revisado que saldrá en las redes y luce “perfecto”, lo cual tiene como consecuencia la pérdida total de la autenticidad:

Se ha reemplazo la autenticidad (la personalidad) por una estética digital planeada. Todo se hace en función de ella. Se perdió el espacio fundamental de la presencia, es decir, de escuchar al otro, conectar con las emociones e ideas del interlocutor, de LA NARRACIÓN. Por eso, estamos en una crisis de narración y en la economía de la atención, como lo explica Chull Han;

Porque no hay tiempo para reflexionar, profundizar, asumir y gestionar los errores, los fracasos, los defectos, los lados flacos, nuestras sombras, heridas y necesidades emocionales; porque todo va a la velocidad de las redes, que no nos permiten pensar, pausar y hacer las cosas con paciencia y conciencia.

Estilo personal y autenticidad

El estilo es una forma de narración que se basa en el autoconocimiento: quien se quiere hacer entender, primero tiene que entenderse a sí mismo. ¿Nos estamos dando el espacio para eso? ¿en otras palabras, hemos dejado de narrar? Solo las historias y narraciones son las que nos unen con los demás ¿hemos dejado de construir relaciones humanas?

Lamentablemente, por estas razones, entiendo a cientos de personas que perciben a los desfiles de moda como superficiales y vacíos, pues, aunque que sé que una parte va con un genuino propósito, también hay un público que asiste para cumplir con la apariencia-estética digital (¿y esto no sucede también en los festivales de música, por ejemplo?). Es muy triste que entonces, a este tipo de eventos tan importantes para la construcción de la sociedad, la educación, la cultura y el ámbito político y económico, se le etiquete como un escenario de meras apariencias y vanidades. Todos los que asistimos tenemos dicha responsabilidad.

La moda es un acto político pues dicta un caudal estético para la sociedad. Durante la historia, hemos visto que son las imágenes las que modelan nuestro comportamiento. Como lo he contado en algunas de mis conferencias y compartido una vez en Instagram, viví mi adolescencia en la década de los años 90 y principios de los 2000, una época durante la cual las siluetas ultradelgadas eran el modelo a seguir. Esto me trajo consecuencias emocionales sensibles que poco a poco y con diferentes terapias, desde el año 2001, pude superar. Gracias a esto, hoy puedo acompañar con buenas herramientas a quienes quieren conectarse consigo y activar su estilo.

Por eso (recuerden que no soy analista del fashion ni la moda), quiero agradecerle a Cul De Bal, por contar en su desfile con diferentes siluetas y edades, y por mostrarnos a través del ojo agudo de la fotografía, lo que para nosotros está oculto. También a Tejidos Rebancá y Curuba, por consolidar el ADN colombiano del bordado y la lana; a Zut, por sentar una voz alta y fuerte en clave de cuero sostenible; a Atelier Crump, por conectarnos con la lentitud; a La Petite Mort, por recordarnos que nuestro cuerpo es un hogar preciado y que la moda puede involucrar contexto, diseño, historia, intelectualidad e investigación; a Melissa Valdés, por propiciar una conversación metalizada y compleja; a Pitbullying, por darnos una dosis de autoconfianza, sumar la música como componente clave y exaltar la moda de la calle; a C´emadiere Design, por manifestar que la elegancia también tiene colores puros y vivos, diversas texturas y estampados; a Alejandro Crocker, por unir su visión creativa con Gef y volver más asequible la moda de las pasarelas.

Para terminar, creo que es justo reconocer el esfuerzo de la Cámara de Comercio de Bogotá por generar un espacio gratuito para visibilizar el trabajo de los diseñadores colombianos, por fomentar y propiciar negocios para ellos, y por permitir que seamos más los que nos empapemos de este lenguaje y destellos de belleza que también nutren la experiencia del placer con la contemplación de lo hermoso.

 

 

Recursos Relacionados:

 

Juliana Gutiérrez de la Cuadra.

Consultora internacional, docente y conferencista de Imagen y Estilo Personal Consciente

Mentora en Conversaciones Inspiradoras

Personal Color Style

Bienestar Comunicativo

 

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