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Bogotá Fashion Week: un ejercicio de contemplación

Bogotá Fashion Week: un ejercicio de contemplación. La octava versión del Bogotá Fashion Week, celebrado en mayo de este año, nos dice que el talento nacional se ha fortalecido y está pisando cada vez más fuerte.

Aquellos quienes trabajamos en el sector, bien en su periferia, como en mi caso siendo asesora y conferencista de imagen y estilo personal; o bien en el centro, como los diseñadores, fotógrafos, curadores y asesores de moda, volcamos nuestra mirada, cada uno desde su ángulo, para captar lo que buscamos o necesitamos percibir de la moda.

Sin importar la industria donde nos desempeñemos, la curiosidad nunca puede faltar, mucho menos cuando se trata de trabajar en el estilo de las personas. Es clave escudriñar las capas que nos conforman como humanos desde las emocionales hasta las estéticas, desde la música hasta la poesía, desde las series de Netflix hasta los noticieros, desde las emisoras de radio hasta las exposiciones de arte, desde la culinaria hasta la filosofía.

Cuando llega cada año el Bogotá Fashion Week se prende mi entusiasmo por atender dicha curiosidad: en qué están los diseñadores, qué están expresando las nuevas generaciones con su street style, qué conversaciones se están generando en la industria, qué les preocupa y de qué se están ocupando.

Lo bello de este entusiasmo es que no es eufórico. Mi propósito es ir a contemplar. Es un ejercicio de silencio activo, sin olvidar que soy emisora y receptora de mensajes sin palabras. Pienso en las prendas que llevaré y construyo mis pintas con anterioridad, lo cual es un proceso de escucha interior y emocional que no tiene otra pretensión que la de liberar una creatividad, y conectarme con la serenidad que me permite enfocarme en los desfiles, tiendas y conversatorios.

Luego viene la parte que más me expande: contemplar, contemplar y contemplar. Desde que cojo las escaleras que conducen al quinto piso, empiezo una meditación activa descubriendo el street style y el lenguaje corporal de los asistentes. Mientras esperamos a que inicie la pasarela, me intereso por quien está a mi lado en la silla (así surgió en el 2018 lo que hoy es una amistad con Catalina).

Cuando se prenden las luces y empieza el desfile, vivo una inmersión en la música y los diseños que se están presentando. Poco me interesa comentarlos con el de al lado o tomarles fotos. Solo hasta el final hago un corto video y si me lo preguntan, comparto lo que observé. Nunca me cuestiono de dónde sacaron las ideas los diseñadores, o por qué fue azul y no rojo, pues entiendo que las ideas y la creatividad no cuentan con un método prestablecido. Más bien es como recibir un llamado, que no sabes cómo llegó ni por dónde. Posiblemente, es inconsciente.

Concientizar mi propósito seudo espiritual al asistir al BFW, me lleva a agradecerles a todos los diseñadores, diseñadoras y marcas por su trabajo, pues ustedes son canales que conducen a una de las principales, pero tan olvidadas actividades de la vida: la contemplación en silencio.

Nota importante. Gracias a la Cámara de Comercio de Bogotá por apoyar el talento nacional y promover estos escenarios artísticos. Sus cifras hablan de su gran esfuerzo: 140 marcas y 80 compradores de 22 países, una asistencia de 31.000 personas, más de 1.000 citas entre las marcas participantes y compradores de países como Estados Unidos, Francia, Reino Unido y México; y unas exceptivas de negocios con más de 4 millones de dólares.

Nota 2. Alado, La Petite Mort e Isabel Henao movieron mis fibras. Gracias gracias gracias por inspirarnos y por su refinado trabajo. Próximamente, en El Nuevo Siglo escribiré sobre el BFW 2025 desde la mirada de la industria, la moda y el estilo.

 

Juliana Gutiérrez de la Cuadra.

Consultora internacional, docente y conferencista de Imagen y Estilo Personal Consciente

Mentora en Conversaciones Inspiradoras

Personal Colour Style

Bienestar Comunicativo

 

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