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Vestirse: un ancla de esperanza

Vestirse: un ancla de esperanza. Trabajo en imagen y estilo personal, y conforme pasan los años, confirmo que los considero valores clave de nuestra comunicación y expresión propia; pero nunca había explorado que el estilo pudiera ser un ancla para hacer el mundo mejor: un antídoto ante el desgaste emocional de 4 años de guerra.

El 6 de abril de este año, el New York Times publicó este hermoso artículo titulado ´Vestirse bien es vivir´, escrito por Alyona Synenko desde Ucrania, que presenta un ángulo sorpresivo que encarniza la esperanza: el vestuario.  Su relato lo acompañan las fotografías de Olga Engibarova, radicada en Odesa, a la que también le llaman la Perla del Mar Negro en Ucrania.

Los días grises o empolvados de la guerra se colorean con los pañuelos estampados, las corbatas, los abrigos y los sombreros llamativos de Anatoliy Paduka, Elena Ivanovna, Gektor Gevorgiyan, Violetta Ageeva… todos mayores de 70 años.

¿Nos vestimos para impresionar, para atraer la atención de los demás, por rebeldía, por todo lo anterior y por más razones? Sí. Pero nunca había explorado la intención de vestirse, con un sentido propio de la moda, para crear un mundo mejor.

En el artículo que escribí hace dos meses (publicación de abril de este año) expliqué las dos vertientes desde las cuales considero que nace la intención del estilo: una, desde el miedo; la otra, desde la tranquilidad.

El miedo personifica nuestras inseguridades: vestirse para encajar, para ser aceptado, para complacer, para ser el centro de atención, para esconderse, para sentirse superior. La tranquilidad incorpora el vestirse para expresar talentos, valores, posiciones.

Al leer el artículo del NYT y los testimonios de varias personas mayores en medio de dos guerras que han vivido (la segunda guerra mundial y la actual en Ucrania), me pregunté “de dónde viene su intención”. ¿Tienen miedo? No lo sé. Automáticamente respondería que sí pues su vida y existencia están en peligro. Pero, puede que no, pues es probable que hayan aceptado la naturaleza de la incertidumbre.

Conflictos, guerras y vestuario

Todos los contextos son clave para analizar lo que pasa en el vestuario, el estilo y la moda. Citaré de manera resumida cuatro de los conflictos más importantes de la historia.

Cronológicamente, encontramos que la época medieval estuvo marcada por invasiones germánicas, las cruzadas, las guerras (Guerra de los Cien Años), la Peste Negra y el feudalismo.

En la Alta Edad Media la energía estuvo entonces concentrada en el conflicto, el feudalismo y lo religioso, lo cual nos ayuda a entender porque la población mayoritaria usó prendas austeras, simples y sueltas, como túnicas en colores crudos; lo espiritual primó sobre lo material; el foco estuvo en trabajar la tierra; y sobrevivir a las invasiones y la peste. Luego, en la Baja Edad Media, se llevó la mirada a lo alto, al cielo… lo mismo se tradujo a las formas ajustadas y alargas del vestuario.

Si hablamos de la Guerra de Secesión en Estados Unidos, el conflicto más costoso en la historia de dicho país, las tensiones raciales y la esclavitud marcaron la diferencia del vestuario. Las mujeres de clase trabajadora usaron vestidos de algodón más sencillos y prácticos, mientras las mujeres adineradas llevaron sedas y telas importadas, aunque la escasez en el Sur obligó a reutilizar y fabricar ropa casera. Los hombres pudientes siguieron las tendencias de moda, a menudo importadas de Europa, mientras que los trabajadores vistieron prendas más duraderas y rústicas.

En la Primera Guerra Mundial las prendas se caracterizaron por ser austeras y funcionales. Hubo una entrada masiva de las mujeres al trabajo industrial, lo cual se tradujo en pantalones y enterizos. Además, se introdujeron detalles militares en sus vestimentas como botones, gabardinas y cinturones. La obvia escasez de materiales por la guerra hizo que los trajes masculinos fueran sencillos, menos formales y más utilitarios.

En la Segunda Guerra Mundial no fue diferente. Hubo racionamiento de telas por lo cual las prendas se simplificaron: menos bolsillos, limitación de dobladillos, pliegues y largos de las faldas. Se popularizaron los turbantes y pañuelos para el pelo y la seguridad en las fábricas; las carteras con compartimentos para máscaras de gas; también la reparación y transformación de prendas viejas en lugar de comprar nuevas; y el uso de plataformas de corcho y materiales sintéticos en los zapatos debido a la escasez de cuero. En el caso de las mujeres, se incorporaron las hombreras para dar una imagen de fortaleza. En la ropa masculina se eliminaron los chalecos y los trajes de doble botonadura.

Observo que el patrón en los conflictos consiste en que la vestimenta se torna austera y funcional. ¿Qué está pasando en Ucrania? El presidente Volodímir Zelenski se ha encargado de visibilizar el estado del país a través de su vestuario. Es usual verlo con camiseta, polares y pantalones verde militar o negros. De hecho, ha manifestado que solo se volverá a poner un traje cuando la guerra acabe.

En cuanto a los ciudadanos, la ropa se ha convertido en un símbolo cultural: la Vyshyvanka, que es una camisa tradicional bordada, ha resurgido como un emblema de orgullo nacional y soberanía frente a la invasión. También algunas marcas locales han seguido produciendo colecciones con técnicas ancestrales y detalles de vanguardia con el fin de impulsar la economía y la moral ucraniana.

Encontrar testimonios de personas de mayor edad que se visten de gala ante el horror de la guerra en Ucrania es una manera disruptiva de transitarla. En la escala de necesidades humanas se encuentra de primeras la seguridad de la existencia, que, una vez está resuelta, nos permite ocuparnos de las siguientes, dentro de las cuales aparece la novedad. En este caso, ellos han decidido abarcar la novedad a través de su vestuario a pesar de no contar con un contexto que les brinde la certidumbre de sus vidas.

Es una forma de manifestar su determinación de seguir adelante y la rebeldía ante la guerra. Su forma de vestirse es un mensaje contundente que le dice al mundo “somos fuertes y tenemos herramientas – incluso las más inesperadas- para continuar en pie”.

Hace mucho no encontraba historias que conjugaran lo binario y los opuestos de una manera tan sencilla y contundente. Este relato nos muestra la oportunidad que tenemos de hacer las cosas con sentido propio; de explorar los contrarios para enriquecer nuestras acciones; y de empezar a percibir y gestionar la profundidad del vestuario y nuestro estilo personal.

 

Recursos Relacionados:

 

Juliana Gutiérrez de la Cuadra.

Consultora internacional, docente y conferencista de Imagen y Estilo Personal Consciente

Mentora en Conversaciones Inspiradoras

Personal Color Style

Bienestar Comunicativo

 

Vestirse: un ancla de esperanza. Vestirse: un ancla de esperanza. 

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