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“Un rato de charla agradable frente al espejo con Juli me dio argumentos para decirle ¡no! a esa “súper” promoción y a esa ropa “divina” que nunca me iba a poner y que me ofrecen en los almacenes; también me hizo más fácil una enorme limpieza de clóset que tuve que hacer antes de mudarme. Ya han pasado casi dos años desde ese ejercicio de colorimetría y lo que aprendí ese día aún me sirve: ahora soy un poco más eficiente a la hora de escoger y he dejado de comprar ropa que no voy a usar. ¡Bien por mí, por mi bolsillo y por el planeta!”

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